Poesía no eres tú

Nota introductoria por Rodolfo Ramírez Soto y selección por Alma Castro Chávez

Los poemas de Rosario Castellanos son un clamor. Habita en cada uno de ellos una voz vigorosa que se dirige con fuerza al lector. Son una batalla entre la autora y el tema que poetiza. La mayoría son rabiosos, todos son contundentes. Se construyen sobre imágenes fuertes como: los niños surgen de vientres como ataúdes; después de andar golpeándome como agua entre las piedras o sobre el cadáver de una mujer estoy creciendo. Imágenes en las que reposa una música escueta que pone de manifiesto la confrontación de la reflexión. La autora desnuda el tema que trabaja y lo deja allí expuesto sin medias tintas en cada uno de sus escritos. Es por tanto una lectura necesaria para cualquier persona que se esté adentrado en la comprensión, o la producción, de poemas. Hoy en día se extraña ese vigor.

A continuación les compartimos una selección  de su obra poética.

ECONOMÍA DOMESTICA

 

He aquí la regla de oro, el secreto del orden:

Tener un sitio para cada cosa

y tener

cada cosa en su sitio. Así arreglé mi casa.

Impecable anaquel el de los libros:

Un apartado para las novelas,

otro para el ensayo

y la poesía en todo lo demás.

Si abres una alacena huele a espliego

y no confundirás los manteles de lino

con los que se usan cotidianamente.

Y hay también la vajilla de la gran ocasión

y la otra que se usa, se rompe, se repone

y nunca está completa.

La ropa en su cajón correspondiente.

Y los muebles guardando las distancias

y la composición que los hace armoniosos.

Naturalmente que la superficie

(de lo que sea) está pulida y limpia.

Y es también natural

Que el polvo no se esconda en los rincones.

Pero hay algunas cosas

que provisionalmente coloqué aquí y allá

o que eché en el lugar de los trebejos.

Algunas cosas. Por ejemplo, un llanto

que no se lloró nunca;

una nostalgia de que me distraje,

un dolor, un dolor del que se borró el nombre,

un juramento no cumplido, un ansia.

Que se desvaneció como el perfume

de un frasco mal cerrado

y retazos de tiempo perdido en cualquier parte.

Esto me desazona. Siempre digo: mañana…

y luego olvido. Y muestro a las visitas,

orgullosa, una sala en la que resplandece

la regla de oro que me dio mi madre.

 

 

 

TRAYECTORIA DEL POLVO

VII

 

He aquí que la muerte tarda como el olvido. 

Nos va invadiendo lenta, poro a poro. 

Es inútil correr, precipitarse, 

huir hasta inventar nuevos caminos

y también es inútil estar quieto

sin palpitar siquiera para que no nos oiga. 

 

Cada minuto es la saeta en vano

disparada hacia ella, 

eficaz al volver contra nosotros. 

 

Inútil aturdirse y convocar a fiesta

pues cuando regresamos, inevitablemente, 

alta la noche, al entreabrir la puerta

la encontramos inmóvil esperándonos. 

 

Y no podemos escapar viviendo

porque la Vida es una de sus máscaras. 

 

Y nada nos protege de su furia

ni la humildad sumisa hacia su látigo 

ni la entrega violenta

al círculo cerrado de sus brazos. 



 

DE LA VIGILIA ESTÉRIL

I

 

No voy a repetir las antiguas palabras

de la desolación y la amargura

ni a derretir mi pecho en el plomo del llanto.

El pudor es la cima más alta de la angustia

y el silencio la estrella más fúlgida en la noche.

Diré una vez, sin lágrimas, como si fuera ajeno

el tema exasperado de mi sangre.

Todos los muertos viajan en sus ondas.

Ágiles y gozosos giran, bailan,

suben hasta mis ojos para violar el mundo,

se embriagan de mi boca, respiran por mis poros,

juegan en mi cerebro.

Todos los muertos me alzan, alzándose, hacia el cielo.

Hormiguean en mis plantas vagabundas.

Solicitan la dádiva frutal del mediodía.

Todos los muertos yacen en mi vientre.

Montones de cadáveres ahogan el indefenso

embrión que mis entrañas niegan y desamparan.

No quiero dar la vida.

No quiero que los labios nutridos en mi seno

inventen maldiciones y blasfemias.

No quiero a Dios quebrado entre las manos

inocentes y cárdenas de un niño.

No quiero sus espaldas doblegadas

bajo el látigo múltiple y fuerte de los días

ni sus sienes sudando la sangre del martirio.

No quiero su gemido como un remordimiento.

 

Seguid muertos girando dichosos y tranquilos.

La espiga está sesgada, el círculo cerrado.

Sólo vuestros espectros recorrerán mis venas.

Sólo vuestros espectros y este lamento sordo

de mi cuerpo, que pide eternidad.



 

ORIGEN

 

Sobre el cadáver de una mujer estoy creciendo,

en sus huesos se enroscan mis raíces

y de su corazón desfigurado

emerge un tallo vertical y duro.

Del féretro de un niño no nacido:

de su vientre tronchado antes de la cosecha

me levanto tenaz, definitiva,

brutal como una lápida y en ocasiones triste

con la tristeza pétrea del ángel funerario

que oculta entre sus manos una cara sin lágrimas.



 

DOS POEMAS

 

1

 

Aquí vine sin saberlo. Después de andar golpeándome

como agua entre las piedras y de alzar roncos gritos

de agua que cae despedazada y rota

he venido a quedarme aquí ya sin lamento.

Hablo no por la boca de mis heridas. Hablo

con mis primeros labios. Las palabras

ya no se disuelven como hiel en la lengua.

Vine a saberlo aquí: el amor no es la hoguera

para arrojar en ella nuestros días

a que ardan como leños resecos u hojarasca.

Mientras escribo escucho

cómo crepita en mí la última chispa

de un extinguido infierno.

Ya no tengo más fuego que el de esta ciega lámpara

que camina tanteando, pegada a la pared

y tiembla a la amenaza del aire más ligero.

Si muriera esta noche

sería sólo como abrir la mano,

como cuando los niños la abren ante su madre

para mostrarla limpia, limpia de tan vacía.

Nada me llevo. Tuve sólo un hueco

que no se colmó nunca. Tuve arena

resbalando en mis dedos. Tuve un gesto

crispado y tenso. Todo lo he perdido.

Todo se queda aquí: la tierra, las pezuñas

que la huellan, los belfos que la triscan,

los pájaros llamándose de una enramada a otra,

ese cielo quebrado que es el mar, las gaviotas

con sus alas en viaje,

las cartas que volaban también y que murieron

estranguladas con listones viejos.

Todo se queda aquí: he venido a saber

que no era mío nada: ni el trigo, ni la estrella,

ni su voz, ni su cuerpo era un árbol y el dueño de los árboles

no es su sombra, es el viento.

 

2

 

En mi casa, colmena donde la única abeja

volando es el silencio,

la soledad ocupa los sillones

y revuelve las sábanas del lecho

y abre el libro en la página

donde está escrito el nombre de mi duelo.

La soledad me pide, para saciarse, lágrimas

y me espera en el fondo de todos los espejos

y cierra con cuidado las ventanas

para que no entre el cielo.

Soledad, mi enemiga. Se levanta

como una espalda a herirme, como soga

a ceñir mi garganta.

Yo no soy la que toma

en su inocencia el agua;

no soy la que amanece con las nubes

ni la hiedra subiendo por las barbas.

Estoy sola: rodeada de paredes

y puertas clausuradas;

sola para partir el pan sobre la mesa,

sola para decir la oración de la noche

y para recibir la visita del diablo.

A veces mi enemiga se abalanza

con los puños cerrados

y pregunta y pregunta hasta quedarse ronca

y me ata con los garfios de un obstinado diálogo.

Yo callaré algún día; pero antes habré dicho

que el hombre que camina por la calle es mi hermano,

que estoy donde está

la mujer de atributos vegetales.

Nadie, con mi enemiga, me condene

como a una isla inerte entre los mares.

Nadie miente diciendo que no luché contra ella

hasta la última gota de mi sangre.

Más allá de mi piel y más adentro

de mis huesos, he amado.

Más allá de mi boca y sus palabras,

del nudo de mi sexo atormentado.

Yo no soy a morir de enfermedad

ni de vejez, de angustia o de cansancio.

Voy a morir de amor, voy a entregarme

al más hondo regazo.

Yo no tendré vergüenza de estas manos vacías

ni de esta celda hermética que se llama Rosario.

En los labios del viento he de llamarme

árbol de muchos pájaros.



 

AL ÁRBOL QUE HAY EN MEDIO DE LOS PUEBLOS

 

Por CAMINOS de hormigas

traje el pie del regreso

hasta este corazón de alto follaje

trémulo.

 

Ceiba que disemina

mi raza entre los vientos,

sombra en la que se amaron

mis abuelos.

 

Bajo tu ramas deja

que mi canto se acueste.

Padre de tantas voces,

protégeme.



 

MISTERIOS GOZOSOS

 

2

 

Aquí tienes mi mano, la que se levantó

de la tierra, colmada como espiga en agosto.

Aquí están mis sentidos

de red afortunada,

mi corazón, lugar de las hogueras,

y mi cuerpo que siempre me acompaña.

 

He venido, feliz como los ríos,

cantando bajo un cielo de sauces y de álamos

hasta este mar de amor hermoso y grande.

 

Yo ya no espero, vivo.



 

EL OTRO

 

¿Por qué decir nombres de dioses, astros,

espumas de un océano invisible,

polen de los jardines más remotos?

Si nos duele la vida, si cada día llega

desgarrando la entraña, si cada noche cae

convulsa, asesinada.

Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre

al que no conocemos, pero está

presente a todas horas y es la víctima

y el enemigo y el amor y todo

lo que nos falta para ser enteros.

Nunca digas que es tuya la tiniebla,

no te bebas de un sorbo la alegría.

Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.

Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,

lo que come es tu hambre.

Muere con la mitad más pura de tu muerte.



 

FALSA ELEGÍA

 

Compartimos sólo un desastre lento.

Me veo morir en ti, en otro, en todo

y todavía bostezo o me distraigo

como ante el espectáculo aburrido.

 

Se destejen los días,

las noches se consumen antes de darnos cuenta;

así nos acabamos.

 

Nada es. Nada está

entre el alzarse y el caer del párpado.

 

Pero si alguno va a nacer (su anuncio,

la posibilidad de su inminencia

y su peso de sílaba en el aire),

trastorna lo existente,

puede más que lo real

y desaloja el cuerpo de los vivos.



 

NOCTURNO

 

Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.

Y fui una noche entera

ámbito de su furia y su lamento.

 

Ah, ¿quién conoce esclavitud igual

ni más terrible dueño?

 

En mi aridez, aquí, llevo la marca

de su pie sin regreso.



 

NOSTALGIA

 

Ahora estoy de regreso.

Llevé lo que la ola, para romperse, lleve

—sal, espuma y estruendo—,

y toqué con mis manos una criatura viva:

el silencio.

 

Heme aquí suspirando

como el que ama y se acuerda y está lejos.



 

EL DÍA INÚTIL

 

ME HAN traspasado el gua nocturna, los silencios

originarios, las primeras formas

de la vida, la lucha,

la escama destrozada, la sangre y el horror.

Y yo, que he sido red en las profundidades,

vuelvo a la superficie sin un pez.



 

JORNADA DE LA SOLTERA

 

Da vergüenza estar sola. El día entero

arde un rubor terrible en su mejilla.

(Pero la otra mejilla está eclipsada.)

 

La soltera se afana en quehacer de ceniza,

en labores sin mérito y sin fruto;

y a la hora en que los deudos se congregan

alrededor del fuego, del relato,

se escucha el alarido

de una mujer que grita en un páramo inmenso

en el que cada peña, cada tronco

carcomido de incendios, cada rama

retorcida, es un juez

o es un testigo sin misericordia.

 

De noche la soltera

se tiende sobre el lecho de agonía.

Brota un sudor de angustia a humedecer las sábanas

y el vacío se puebla

de diálogos y hombres inventados.

 

Y la soltera aguarda, aguarda, aguarda.

 

Y no puede nacer en su hijo, en sus entrañas,

y no puede morir

en su cuerpo remoto, inexplorado,

planeta que el astrónomo calcula,

que existe aunque no ha visto.

 

Asomada a un cristal opaco la soltera

—astro extinguido— pinta con un lápiz

en sus labios la sangre que no tiene.

 

Y sonríe ante un amanecer sin nadie.



 

APELACIÓN AL SOLITARIO

 

Es necesario, a veces, encontrar compañía.

 

Amigo, no es posible ni nacer ni morir

sino con otro. Es bueno

que la amistad le quite

al trabajo esa cara de castigo

y a la alegría ese aire ilícito de robo.

 

¡Cómo podrías estar solo a la hora

completa, en que las cosas y tú hablan y hablan,

hasta el amanecer?



 

LO COTIDIANO

 

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;

este cabello triste que se cae

cuando te estás peinando ante el espejo.

Esos túneles largos

que se atraviesan con jadeo y asfixia;

las paredes sin ojos,

el hueco que resuena

de alguna voz oculta y sin sentido.

 

Para el amor no hay tregua, amor. La noche

no se vuelve, de pronto, respirable.

Y cuando un astro rompe sus cadenas y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,

no por ello la ley suelta sus garfios.

El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla

el sabor de las lágrimas.

Y en el abrazo ciñes

el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.



 

LA PROMESA

 

TE LO voy a decir todo cuando muramos.

Te lo voy a contar, palabra por palabra,

al oído, llorando.

No será mi destino el del viento que llega

solo y desmemoriado.



 

CANCIÓN

 

Yo conocí una paloma

con las dos alas cortadas;

andaba torpe, sin cielo,

en la tierra, desterrada.

 

La tenía en mi regazo

y no supe darle nada.

Ni amor, ni piedad, ni el nudo

que pudiera estrangularla.



 

ENCARGO

 

Cuando yo muera dadme la muerte que me falta

y no me recordéis.

No repitáis mi nombre hasta que el aire sea

transparente otra vez.

 

No erijáis monumentos que el espacio que tuve

entero lo devuelvo a su dueño y señor

para que advenga el otro, el esperado

y resplandezca el signo del favor.



 

POESÍA NO ERES TÚ

 

Porque si existieras

tendría que existir yo también. Y eso es mentira.

 

Nada hay más que nosotros: la pareja,

los sexos conciliados en un hijo,

las dos cabezas juntas, pero no contemplándose

(para no convertir a nadie en un espejo)

sino mirando frente a sí, hacia el otro.

 

El otro: mediador, juez, equilibrio

entre opuestos, testigos,

nudo en el que se anuda lo que se había roto.

 

El otro, la mudez que pide voz

al que tiene la voz

y reclama el oído del que escucha.

 

El otro. Con el otro

la humanidad, el diálogo, la poesía, comienzan.

 

 

PASAPORTE

 

¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una.

Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas).

¿Mujer de acción? Tampoco.

Basta mirar la talla de mis pies y mis manos.

 

Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no.

Pero sí de palabras,

muchas, contradictorias, ay, insignificantes,

sonido puro, vacuo cernido de arabescos,

juego de salón, chisme, espuma, olvido.

 

Pero si es necesaria una definición

para el papel de identidad, apunte

que soy mujer de buenas intenciones

y que he pavimentado

un camino directo y fácil al infierno.

 

 

Textos tomados de

Poesía no eres tú. Obra poética: 1948 - 1971, Rosario Castellanos, FCE (1985)